Juan Carlos Freire, Gerente General de la Cooperativa Padre Julián Lorente, sobre inclusión financiera, capital social y la responsabilidad de gestionar lo que pertenece a todos.
Hay instituciones que crecen porque acumulan. Y hay otras que crecen porque sirven. La historia de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Padre Julián Lorente es, en esencia, la historia de la segunda forma de hacerlo: multiplicar activos seis veces en pocos años, no como fin, sino como consecuencia de una filosofía que nunca confundió rentabilidad con propósito.
Cuando el capital es de todos
Una de las diferencias más profundas entre una cooperativa y un banco no está en los productos que ofrece, sino en a quién pertenece lo que gestiona. En una empresa privada, el capital es propio. En una cooperativa, el capital es social: cada activo, cada reserva, cada decisión estratégica involucra recursos que pertenecen a los socios. Esa distinción, que suena técnica, lo cambia todo.
Juan Carlos Freire lo lleva como una convicción antes que como un mandato legal. Gestionar una cooperativa implica una responsabilidad diferente: las decisiones no se evalúan solo por su retorno financiero, sino por su coherencia con el bienestar de quienes depositaron su confianza —y su dinero— en la institución.
«En una cooperativa no gestionas capital propio. Gestionas lo que es de tus socios. Eso obliga a una toma de decisiones consciente, ajustada a la ley y siempre orientada al beneficio colectivo.»— Juan Carlos Freire, Gerente General · Cooperativa Padre Julián Lorente
Llegar donde la banca no llega
La banca privada opera con una lógica clara: concentrar esfuerzos donde el riesgo es bajo y la rentabilidad, alta. Es un modelo legítimo. Pero deja fuera, sistemáticamente, a los segmentos más vulnerables: comunidades rurales, pequeños productores, personas sin historial crediticio formal.
Las cooperativas llenan ese vacío. Y no como filantropía, sino como razón de ser. Un cajero automático instalado en una zona remota —en un cantón donde antes no había acceso a ningún servicio financiero— puede transformar la vida cotidiana de comunidades enteras: eliminar traslados de horas, reducir riesgos de seguridad, habilitar transacciones que antes eran imposibles.
Freire habla de esos momentos con la convicción de quien sabe que el impacto real no siempre se mide en cifras. A veces se mide en lo que la gente ya no tiene que hacer para acceder a su propio dinero.
| ×6 | 13 | 100K+ |
| Crecimiento en activos | Años de transformación institucional | Socios atendidos |
El reto de gobernar lo que crece
Crecer tiene un precio. Para la Cooperativa Padre Julián Lorente, la expansión hacia la presencia nacional implicó enfrentar desafíos que van mucho más allá de abrir nuevas agencias. La gobernanza —esa capacidad de tomar decisiones colectivas de manera eficiente, legítima y sostenible— se convierte en el nudo más difícil de desatar cuando una institución pasa de ser local a ser nacional.
Hace trece años, esos desafíos de gobernanza y gobernabilidad fueron críticos. Superarlos requirió no solo ajustes estructurales, sino un cambio cultural profundo: entender que una cooperativa grande no puede funcionar con los mecanismos de una pequeña, pero tampoco puede olvidar los valores que la hicieron grande.
Lo que distingue al modelo cooperativo
- El capital pertenece a los socios, no a accionistas externos
- El objetivo primordial es el servicio, no exclusivamente la rentabilidad
- Asume riesgos que la banca tradicional descarta por ser «no rentables»
- La inclusión financiera es parte de su mandato institucional
- El crecimiento se evalúa también por su impacto en la comunidad
Asumir el riesgo que nadie más quiere
Hay una paradoja en el corazón del sector cooperativo: las instituciones que más arriesgan son las que menos crédito reciben por hacerlo. Mientras la banca acumula clientes de bajo riesgo, las cooperativas construyen carteras con segmentos que otros han descartado. Eso tiene un costo real, y también una recompensa real: la fidelidad de socios que saben que fueron vistos cuando eran invisibles para el sistema.
Para Freire, ese riesgo no es temeridad. Es coherencia. Una cooperativa que solo atiende a quienes ya tienen acceso no cumple su misión. El verdadero cooperativismo existe en la tensión entre la sostenibilidad financiera y la vocación de servicio —y gestionarla bien, sin sacrificar ninguna de las dos, es el arte que define a los líderes del sector.
«El sector cooperativo asume riesgos que la banca no quiere. No porque seamos imprudentes, sino porque nuestra razón de existir está precisamente en atender a quienes otros no atienden.»— Juan Carlos Freire · EP03 · Voces que Transforman
Crecer con conciencia
Multiplicar los activos seis veces en pocos años es, en cualquier sector, un logro notable. Pero el valor de ese crecimiento no está en el número: está en cómo se llegó a él. Freire describe ese proceso como una expansión guiada por decisiones conscientes, ajustadas a la regulación y siempre evaluadas desde la perspectiva del socio.
No es crecimiento por crecimiento. Es crecimiento como evidencia de que la institución cumple su propósito mejor y para más personas. Esa distinción —sutil pero fundamental— es la que separa a una cooperativa de verdad de cualquier otra entidad financiera que simplemente adopta el nombre.
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